Ocurrió hace algunos cuantos años. Teníamos alrededor de 35. En una oportunidad invitamos a cenar a un amigo. Compartimos la cena muy amena, bebimos, conversamos. Comimos algo dulce y comenzamos a tomar champagne. En un momento dado, la charla derivó a alguna anécdota sexual-erótica graciosa del pasado de alguno de nosotros. Curiosamente el tema no se despegó de lo sexual y seguimos hablando del tema. Sin pensarlo demasiado, en medio de la charla se me ocurrió sintonizar un canal de cine porno. Mirábamos, comentábamos y seguíamos bebiendo champagne.
Seguramente esto actuó como elemento desinhibidor. Cada uno de nosotros percibía un clima de excitación. Entonces se tocó el tema de los tríos sexuales, MHM o HMH concluíamos en que una mujer podía sostener sin inconveneintes una relación con dos hombres a la vez. Que la mujer conseguía dar satisfacción a ambos y que ella recibía una satisfacción extra.
De pronto, mi mujer le pide a nuestro amigo, de profesión quinesiólogo, que por favor le diera un masaje en los hombros, y para ello se sentó en el piso delante de él, que estaba en un sillón. Le dió su masaje, ella emitió algunos sonidos de placer. Continuamos la conversación y mirando el porno.
Para ese momento estábamos cláramente los tres muy excitados, pero nadie se salía de su sitio.
Cuando le agradeció el masaje recibido, sencillamente se levantó, se puso frente a él y se subió a su falda, se levantó el vestido y lo besó apasionadamente en la boca.
Los dos quedamos estupefactos, yo casi estallo de la excitación, pero miré la escena fingiendo naturalidad. Él casi en su mirada buscaba saber si yo consentía lo que estaba ocurriendo, y creo haberle dado la señal de aprobación.
Ella desprendió su pantalón, le ayudó a bajárselo apenas un poco lo suficiente para que apareciera su pene erecto. Sin más. corrió su bombacha hacia un costado, sin quitársela. Apoyó su vagina en el glande y se dejó caer introduciéndoselo por completo, con la suavidad que le daba la humedad que le había provocado la excitación.
El acto duró apenas un minuto o dos, porque nuestro amigo no pudo contenerse y eyaculó rápidamente. Ella se levantó, le alcanzó una toalla para limpiarse, a la vez de que fue a higienizarse.
Cuando regresó a la habitación, vino hacia mí, y me dijo: ahora quiero con vos…
Esta vez apoyó sus manos sobre los apoyabrazos del sillón en el que yo estaba y me pidió que la penetre de atrás. Tampoco fue un acto nada prolongado, porque yo casi había estallado sólo con lo que había visto a dos metros de distancia de donde estaba sentado. Eyaculé como creo que nunca antes lo había hecho.
Entonces ella dijo que le había gustado mucho, pero que necesitaba más.
Por eso, continuamos nuestro encuentro en el dormitorio, en la cama, los tres desnudos. Dos hombres dando satisfacción a una mujer.
Lo problemático fue que luego de esa vez, ella ya no encontraba satisfacción con un solo hombre, y fue el principio de un largo periplo de una vida sexual desenfrenada.